En el año 2020 trazamos, ilusionados, el principio de un camino que no sabíamos por dónde nos llevaría. En ese momento pre-covid pensamos en enriquecer nuestra visión del paisaje que nos rodea con la interpretación de distintos artistas locales que dotaran de color, trazos y formas su visión del entorno. La premisa era sencilla: “queremos una obra que interprete la primavera en esta zona”. El arte plástico nos sirvió y nos sirve para felicitaros a vosotros cada nuevo ciclo. La llegada de la primavera, la brotación de la cepa y el comienzo de un nuevo año vitícola marca el inicio de muchos sentimientos, miedos y esperanzas. La experiencia del año anterior y de ciclos anteriores aporta un grado de seguridad, pero la realidad cambiante del clima y el incremento de adversidades ha hecho que, con seis proyectos en el noroeste de España, los riesgos no se dividan, sino que se multipliquen exponencialmente. Pero la vida, otra vez, vuelve a abrirse paso. La yema brota y el trabajo urge. Y ese sentir, más que agobiante, es maravilloso. Por eso, cada nueva primavera queremos acordarnos de las personas que están a nuestro lado y que tanto nos aportan para seguir caminando.
El pasado 2025 acabamos el ciclo de obras plásticas que representaran nuestro entorno: Peñafiel, Leza, San Martín de Valdeiglesias, Leiro, Nieva y Fuentenebro en ese orden. Un selecto grupo de artistas locales nos han ayudado a entender, desde otros puntos de vista lo que supone una nueva primavera en cada una de las orografías en las que nos encontramos: Laura Juárez, Raquel Marín, Jorge Thuillier, Jorge Alonso, Gustavo Fuentetaja, Nano Lázaro y Beatriz Ramo.
Hoy, arte y paisaje dialogan en nuestras instalaciones de Pago de Carraovejas, donde los visitantes pueden contemplar esa cuidada colección de obras de arte vinculadas a los territorios donde nacen nuestros proyectos, estableciendo una conexión entre paisaje, cultura y creación contemporánea.

Tierra de Baco
La primera obra de arte fue Tierra de Baco, creada en 2020 por la artista vallisoletana Laura Juárez, dedicada a Pago Carraovejas.
Esta creación artística busca activar los sentidos del espectador y provocar una experiencia sinestésica: la posibilidad de saborear, desde lo visual, un vino tinto, un blanco y un rosado. La obra mantiene una relación íntima con la cultura del vino y con los elementos que la rodean, configurando un horizonte donde cielo y tierra se encuentran. Como señala la propia artista, la composición se construye a partir de un cielo de tonalidades rosáceas, un atardecer en tierras castellanas que evoca lo poético y lo romántico. En el centro, un espacio de luz atravesado por trazos dorados simboliza el vino blanco y aporta un matiz de magia y fantasía. La parte inferior, dominada por rojos profundos y aterciopelados, representa la tierra de tintos a través de una paleta amplia de carmín, violeta y magenta.
Sobre el autor: Laura Juárez (Valladolid, 1982) es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca. Su trabajo se inscribe en el ámbito del expresionismo abstracto, entendido como un espacio de exploración donde la sutileza, la emoción y el sentimiento se construyen a través de la técnica mixta. Óleo, ceras, grafito, cartón, esmaltes o resinas conviven en distintos formatos y soportes, dando lugar a un lenguaje propio, matérico y profundamente sensorial. A lo largo de su trayectoria ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos, el Certamen Nacional de Arte de Luarca o el Salón de Otoño. En la actualidad, Laura Juárez continúa ampliando su mirada desde un pequeño estudio en la ciudad de Valladolid. Un espacio que le permite volver a las raíces y apostar por la formación, la técnica y la destreza, desde una concepción del arte basada en la contención, la sensibilidad y una visión reservada a quienes saben detenerse.
La llegada de la primavera
Raquel Marín es ilustradora y artista visual de esta obra en la que aborda este momento del año como un tiempo de transición y renacimiento. Los primeros brotes y las flores silvestres que emergen en Leza se convierten en el hilo conductor de una composición que toma como referencia una de las cepas más antiguas del viñedo viejo de Aiurri en esta localidad. La ilustración propone una lectura pausada del paisaje, donde lo vegetal se expresa con naturalidad y equilibrio, evocando la energía contenida del inicio de un nuevo ciclo. La obra establece un diálogo directo entre la cultura del viñedo y con la idea de legado. Esa cepa antigua, hoy parte del proyecto, se presenta no como una posesión, sino como una responsabilidad compartida: no es una herencia recibida, sino un préstamo de quienes vendrán. La primavera se manifiesta, así como símbolo de continuidad, de cuidado y de respeto por un territorio que se transforma sin perder su memoria.
Sobre el autor: Raquel Marín es ilustradora y artista visual. Su trabajo se caracteriza por una mirada delicada y atenta al territorio, al detalle y a los ciclos naturales, con un lenguaje propio que combina dibujo, color y una sensibilidad profundamente ligada al paisaje. Desde una aproximación contemporánea, su obra explora la relación entre naturaleza y tiempo, poniendo el acento en aquello que crece de forma silenciosa y persistente.


La creación de una belleza nueva en primavera
Jorge Thuillier interpreta el tránsito del equinoccio como un momento de transformación y energía contenida. La obra sitúa al espectador en el paisaje de Marañones, en San Martín de Valdeiglesias, donde la orografía irregular del viñedo se traduce en líneas diagonales que ascienden y dotan a la composición de ritmo y vitalidad. Un paisaje en el que conviven la quietud del inicio de un nuevo ciclo, en primer plano, y la intensa actividad que anuncia la llegada de la primavera al fondo. El brote que emerge de la cepa articula la escena y se funde con el paisaje y el cielo a través de distintos elementos simbólicos, entre ellos el águila, emblema de la filosofía de Alma Carraovejas, que sobrevuela y acompaña la viña como imagen de cuidado, protección y transmisión de un legado. La luz vertebra toda la composición: amarillos luminosos que se mezclan con verdes vivos y con un rosa más contenido, evocación directa del granito rosado presente en algunas parcelas de Marañones, sustrato esencial de estas viñas singulares. El equilibrio cromático armoniza ambos planos y da lugar a una obra luminosa y profundamente coherente.En este óleo, Thuillier rinde homenaje a la cultura del vino de la Sierra de Gredos y a los vinos de Madrid, capturando un instante efímero cargado de ímpetu, frescura y energía, como la propia primavera que comienza.
Sobre el autor: Jorge Thuillier vive y trabaja en Madrid. Es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Santa Isabel de Hungría de Sevilla y cuenta con formación como sumiller por la Cámara de Comercio de Madrid, una doble mirada —artística y vitivinícola— que atraviesa de forma natural toda su obra. Procede de una familia con una larga tradición ligada al vino: los Thuillier, de origen inglés, se establecieron en el siglo XIX en El Puerto de Santa María para elaborar y comercializar vinos, un legado que sigue muy presente en su manera de entender la cultura del vino.
Mujer primavera
En 2023 Jorge Alonso, creador polifacético que compagina su actividad como arquitecto con una sólida trayectoria como pintor e ilustrador, nos presentó su obra pictórica “Mujer primavera” que nace a partir de un doble condicionante: la evocación de la primavera y su vínculo con el vino. En esta obra, Jorge Alonso integra su sello personal —reconocible por su manera de dibujar— con una reflexión visual en torno a ambos conceptos. La composición surge de la unión de dos ideas complementarias: por un lado, la representación de hojas de parra y ramas de vid mediante una paleta cromática intensa, cercana a la abstracción, pero anclada en elementos reconocibles; por otro, la inclusión de la mirada de una mujer como eje figurativo capaz de atraer al espectador y dotar a la obra de una dimensión emocional directa. La fusión de ambos planos da lugar a una pieza equilibrada y vibrante, en la que naturaleza, color y figura humana conviven como símbolos de renovación, energía y vitalidad, valores asociados tanto a la primavera como al universo del vino.
Sobre autor: Jorge Alonso (1975) es un creador polifacético que compagina su actividad como arquitecto con una sólida trayectoria como pintor e ilustrador. Formado en Arquitectura en Madrid, su paso por esta disciplina le ha permitido adquirir una visión amplia y transversal, que se traduce en una práctica artística abierta a múltiples lenguajes: ilustración, diseño de carteles, retrato, dibujo y creación de objetos de uso cotidiano. Su obra pictórica se articula en torno a una constante fascinación por la figura femenina, la intensidad del color y la profundidad expresiva de la mirada. Influido por el expresionismo austríaco, Alonso persigue una sensualidad directa y sin artificios, reforzada por el uso de colores vivos que dialogan con el trazo a lápiz y subrayan la fuerza de la línea.


El despertar
Con “El Despertar”, Gustavo Fuentetaja aborda uno de los momentos más sutiles y determinantes del ciclo de la vid: la etapa previa a la brotación. La obra representa ese instante de tensión contenida mediante una creación directa, viva y cargada de simbolismo. Las líneas y cromatismos se organizan en una composición que otorga un protagonismo claro al elemento central, envuelto por una atmósfera que acompaña y amplifica su presencia. Su pintura busca trascender lo puramente visual. Con pocas pinceladas, precisas y profundas, construye geometrías y campos cromáticos que remiten tanto a realidades reconocibles como a lo intangible: sensaciones, emociones y estados de ánimo. Una obra que invita a la contemplación pausada y que encuentra en la vid y en su despertar un reflejo de los procesos naturales que también dan origen al vino.
Sobre el autor: Gustavo Fuentetaja (Segovia, 1994) se inició en la pintura al óleo a los nueve años en una academia de Bellas Artes de su ciudad natal. Desde entonces, su trayectoria ha estado marcada por una aproximación temprana y constante al lenguaje pictórico, entendido como un espacio de exploración técnica y emocional. En paralelo, ha desarrollado una profunda vinculación con el mundo del vino, que le ha llevado a estudiar manuales de viticultura con el fin de comprender el ciclo biológico de la vid, las variedades de uva y la influencia de los factores geológicos y climáticos en el viñedo. En 2019 presentó la serie “Los veinte óleos”, un conjunto de obras de carácter abstracto expuesto en la galería Backyard de Simancas, que supuso un punto de inflexión en su trayectoria y dio paso a diversas exposiciones individuales y colectivas en el ámbito nacional e internacional.
Estratos de Alma
La última obra llegó de la mano de Nazo Lázaro, pintor y muralista, que en esta pieza establece un diálogo profundo con la viña. Arenas rojas, minerales como la mica, el feldespato o el cuarzo blanco, junto a fragmentos de madera procedentes de cepas viejas, se integran en la composición aportando una dimensión física y sensorial que trasciende lo visual. Los materiales remiten directamente al paisaje vitivinícola de Fuentenebro, a su geología y a la memoria contenida en sus suelos. La figura de una joven serena y contenida introduce un contrapunto humano y simbólico. Su presencia evoca frescura, vitalidad y fragilidad, en contraste con la solidez del terreno que la sostiene. Como sucede con Milsetentayseis, cada añada captura un instante irrepetible nacido de un suelo milenario; la obra refleja ese mismo diálogo entre lo efímero y lo permanente, entre el tiempo breve y la profundidad del origen. Más que una pintura, “Estratos de Alma” es una experiencia material que invita a ser observada desde otra mirada. Una obra que habla de estratos, de memoria y de lugar, y que, como un gran vino, narra la historia del territorio del que procede. Con esta creación, Nano Lázaro acerca el majuelo al espacio cotidiano y lo eleva a la categoría de arte.
Sobre autor: Nano Lázaro (1979) es pintor y muralista. Con raíces segovianas y una trayectoria desarrollada entre Valladolid, Burgos y Aranda de Duero, su trabajo está profundamente vinculado a la meseta y a una comprensión íntima del territorio. Un conocimiento construido desde la experiencia directa, atento a los colores, las texturas y las capas que conforman el paisaje. Desde muy temprano tuvo claro que la pintura debía partir de la materia, entendida no solo como soporte, sino como origen mismo de la obra. Su práctica artística se basa en una relación directa con los materiales que la conforman. Cada pieza nace de aquello que la compone, en un proceso donde textura y significado avanzan de forma inseparable.


Brindis a Madrid
En la obra “Brindis a Madrid”, Beatriz Ramo despliega su universo creativo ; un lenguaje visual vibrante y eléctrico, donde el retrato se convierte en eje central y se envuelve en atmósferas naturales con sutiles guiños surrealistas. La pieza nace en colaboración con The Madrilener , un proyecto colectivo que interpreta Madrid como una revista imaginaria habitada por historias, escenas y personajes que dan forma a la identidad contemporánea de la ciudad. En este contexto, “Brindis a Madrid” funciona como un relato visual: una escena que podría ser portada, pero también instante vivido. La composición nos sitúa en un atardecer suspendido en el tiempo. La primavera, convertida aquí en mujer y paisaje, irrumpe con luz y color. La protagonista sostiene una copa de vino en un gesto íntimo, casi detenido, justo antes del brindis. Su mirada, intensa y reflexiva, abre un espacio de pausa que invita a preguntarnos qué emoción o pensamiento habita ese instante. En primer plano, las vides nos conectan con la tierra, mientras que al fondo se entrelazan de forma simbólica la Sierra de Gredos, el skyline de Madrid y los paisajes de la Finca Marañones. Un paisaje compartido que une origen y ciudad, lo rural y lo urbano, lo natural y lo humano, en una misma narrativa visual.
Sobre el autor: Beatriz es una ilustradora (ex-arquitecta) alicantina viviendo en Madrid. Su trabajo se caracteriza por la casi constante presencia del retrato, aderezado con atmósferas de naturaleza, muchos colores y ligeros toques surrealistas. Se define principalmente por el uso del lápiz, carboncillo, acuarela y digital. Aunque utiliza múltiples técnicas experimentales en sus trabajos. Trata de transportar al observador a las diferentes atmósferas que acompañan a cada obra, mediante expresiones severas, intensas y gracias a todos los elementos que componen cada imagen.
Un recorrido entre arte y paisaje
Cada pieza nace desde la identidad de su lugar de origen. Es nuestra forma de reconocer el talento local y de poner en valor el vínculo con quienes comparten una manera de entender el territorio desde el conocimiento, el oficio y el respeto por los procesos.
Como ocurre en el viñedo, cada obra es el resultado de una interpretación única. Un trabajo paciente y artesanal que transforma la materia en expresión y que, al igual que nuestros vinos, encuentra su sentido en el origen.
Así, primavera tras primavera, esta colección continúa creciendo junto a nosotros, dejando constancia de que el arte y el vino comparten una misma esencia: el tiempo, la sensibilidad y el profundo vínculo con la tierra. Una colección que se puede apreciar a través de nuestras experiencias de enoturismo en Pago de Carraovejas.























































































